Reseña en Blog de Entradas.com

Por Alberto Morate | Abr 12, 2021

A veces no sabes qué hacer estando solo. Y si hay una serie de normas, y te obligan a estar en casa, independientemente de los motivos, tu cabeza empieza a funcionar y más de una vez tu mente abandonará tu cuerpo. Porque todos los días se repiten impertérritos y hay que hacerlos atractivos y amenos. 

Nos han cambiado el modo de vida. Y se tambalea y nos produce desazón y miedo. Angustia y temor, soledad y desamparo, necesidad de aliento. 

Cada día es lo mismo y no queremos acostumbrarnos. La libertad pasa de largo y solo nos permiten asomarnos a los balcones y terrazas diez minutos al día, a las ocho de la tarde. Entonces, la escena se llena de espectadores accidentales, los sueños a nuestro alrededor revolotean inquietos. 

No rompas la sonrisa, y juega con las rutinas convirtiéndolas en sorpresas. No te conozco. Te veo cada tarde a las ocho aplaudiendo en tu ventana. Siento tu corazón estremecido y tus suspiros, y te veo haciendo ejercicio, y leyendo. Respiro tu mismo aire aunque sea peligroso hacerlo. Pero no me importa. Algo me une a ti. Beso tus labios con mi mirada. No nos conocemos, pero esperamos lo mismo. Y pronto saltaremos del balcón para atrapar la luna y las estrellas, y bailaremos y hablaremos sin palabras. Después, ya te habrás quedado en mi casa. Y aunque no te conozco, sé que me amas. Y los que nos vean no dirán nada, porque les pasa lo mismo. 

Con humor y poesía en su acción, aunque los diálogos sean cotidianos, Montajes en el abismo nos ofrece esta producción con texto de Jorge Jimeno, que también lo interpreta, junto con Ana de la Hoz, y se hacen querer y se hacen nuestros. Verónica Pérez, en la dirección, les indica la dirección del viento. La del tiempo y la del juego. La de la sonrisa en vez del drama, la del teatro y la realidad a partes iguales, la del abismo (como la compañía) y la de la sujeción a la barandilla, la del vuelo y la de los pies en el suelo. 

No saben cómo ni cuándo acabará este periodo, este estado de alarma, este confinamiento normativo, estas pautas, este seguimiento, este control, este mal momento. Pero saben que el humor es clave, que cualquier situación, por insoportable que sea, será mejor con él. Y así abrirán esa grieta, abrirán el camino del teatro, el de la cultura y la esperanza, el que indica que todo puede mejorar si nos unimos, si el amor llega, si estamos atentos a cualquier movimiento, sugerencia, palabra o silencio, si dejamos de ser El espectador accidental, y nos convertimos en protagonistas de nuestros propios encuentros. Aunque sean con uno mismo, pero si somos dos, mejor y si nos agarramos a los sueños, el estado de alarma será un estado de alma y…

sentimientos.